Entré al rancho todavía con el pecho apretado.
La conversación con Raúl seguía dándome vueltas en la cabeza mientras atravesaba la sala principal prácticamente sin mirar a nadie. La señora Ortega intentó decirme algo desde la cocina, pero apenas levanté una mano indicándole que estaba bien y seguí caminando.
O al menos intentaba convencerme de que lo estaba.
Porque no era solamente Isabella.
Era Ricardo.
El compromiso de Isabella con Ricardo.
La misma Isabella que había llegado días atrás a res