Me quedé sola en la habitación escuchando el silencio que dejó Julián al irse.
Ni siquiera intentó detenerme cuando salí.
Ni siquiera vino detrás de mí.
Y aquello me dolió muchísimo más de lo que quería admitir.
Me quedé varios segundos quieta frente a la puerta cerrada, intentando convencerme de que exageraba. De que todo aquello no era más que una cena de negocios absurda a la que él estaba obligado a asistir.
Pero entonces volví a recordar a Isabella entrando al rancho días atrás.
Sus uñas e