Valentina cerró la puerta de la habitación apenas entró. El sonido seco del despacho de Julián todavía seguía resonándole en la cabeza. Sentía el pecho apretado, como si apenas pudiera respirar dentro de aquella casa enorme que, por momentos, parecía tragársela viva.
Se llevó una mano al vientre de forma instintiva.
Seis semanas.
Apenas eso.
Ni siquiera parecía real todavía.
No había barriga. No había pataditas. No había nada que le hiciera sentir que realmente llevaba una vida dentro de ella,