Me quedé allí sentada, con la mirada fija en el agua de la piscina. Las pequeñas ondas se movían despacio bajo la luz de la tarde, pero yo apenas podía concentrarme en ellas. Las palabras de Ricardo seguían golpeándome la cabeza una y otra vez.
“Isabella es intocable para Julián.”
Apreté los labios y me llevé los dedos a la mejilla. El ardor me hizo estremecerme. Todavía sentía las uñas de esa mujer marcándome la piel. Cerré los ojos apenas un segundo, intentando recuperar la calma, pero era im