Gael
—Aquí tiene, señor. —La empleada me dio un vaso de agua y unas pastillas.
—¿Ha regresado la señora Anna?
—No señor, todavía no ha vuelto.
Los vellos de los brazos se me erizaron, ¿Qué iba a hacer una mujer fuera de su casa a esa hora?
La migraña iba en aumento. Sentía que la cabeza me iba a estallar, ni después de un baño y tomar una aspirina me alivie.
Era más la preocupación de que Anna no había vuelto a casa. Le toque la puerta a Arya, ella abrió y enseguida me puso mala cara.
—¡Qué! ¿