POV: Aslin Ventura
El vestido me quedaba perfecto. Claro que sí. Alexander se había asegurado de que lo hiciera una modista a medida, alguien que vino a tomar mis medidas mientras dormía sedada. El tul blanco caía como una cascada helada desde mis hombros hasta mis tobillos. El corsé ajustado me robaba el aire, como si también quisiera robarme la voz.
Frente al espejo, no me reconocía.
La mujer que me devolvía la mirada no era yo. Tenía el cabello peinado en ondas suaves, los labios pintados de