POV: Aslin Ventura
Las luces doradas del salón se habían apagado, los invitados se habían ido uno por uno, arrastrando sus risas vacías y sus copas medio llenas. Ahora, el silencio llenaba cada rincón. Un silencio espeso, denso, peligroso.
Caminé por el pasillo con el corazón latiéndome en la garganta. El vestido aún colgaba de mi cuerpo, rasgado en la parte baja por el roce constante con mis pasos y el peso del día. Me dolían los pies, me dolía la cabeza, me dolía el alma.
Al llegar a la