Mundo ficciónIniciar sesiónLorenzo empujó la puerta principal con cuidado, como si temiera despertar a las paredes. La mansión Velardi, que de día vibraba con pasos, voces y el tintinear de la rutina, ahora respiraba en un casi abandono. Ningún ruido más allá del suave tic-tac del enorme reloj austríaco en el vestíbulo. Un contraste intenso con el bar donde había pasado las últimas horas, rodeado de ejecutivos en busca de otro trago para ahogar pequeñas frustraciones o, en su caso, espantar fantasmas de deseo que insistían en acompañarlo hasta allí.
Subió la escalinata.
El pasillo del piso superior dormía bajo una penumbra cálida, iluminada solo por los focos de luz empotrados en el rodapié. Al pasar por la primera puerta a la derecha, se detuvo. Gir







