La campanilla sonó como un trueno suave en la mansión silenciosa, reverberando por las paredes con una urgencia innegable. El sonido hizo que Antonela se sobresaltara en el sofá, donde estaba sentada con Aurora aún acurrucada en su regazo. Su corazón ya latía acelerado desde el momento en que vio el estado del brazo de Isabella, pero ahora palpitaba con más fuerza, con esperanza y tensión mezcladas.
Marta se levantó de un salto, el paño de cocina olvidado sobre la mesita de centro, y corrió hac