Mundo ficciónIniciar sesiónIsabella Fernandez
El sol de la mañana se filtraba por las rendijas de las cortinas, tiñendo el cuarto con una luz suave y dorada, pero dentro de mí no había calor. Solo un vacío denso, palpitante, como si la noche anterior siguiera pegada a mi piel, como si los ojos de él aún me mirasen, sus palabras duras continuaran resonando en los pasillos de mi mente.
A mi lado, Aurora dormía profundamente. Su cuerpecito pequeño enroscado bajo la sábana, la boquita entreabierta y el bracito extendido sobre mi cintura. Su respiración era tranquila, constante. Un sonido que, por sí solo, parecía recomponer algo en mí. Como si aquella niña frágil y luminosa fuera el único lazo entre la mujer que yo todavía era y la que estaba intentando no dejar morir.







