Mundo ficciónIniciar sesiónLorenzo tardó en dormir aquella noche.
Después de que Isabella subió corriendo las escaleras, con los ojos llenos de dolor y el cuerpo temblando, él permaneció en la sala por largos minutos, inmóvil, con las manos hundidas en los bolsillos del abrigo, aún húmedo. Su respiración pesada, y el corazón, aun contra su voluntad, latía como si acabara de atravesar una guerra.
Antonella no dijo nada. Solo lo miró. Con ojos de madre. Con la sabiduría de quien ve más allá de lo que se pronuncia. Y él, como siempre, subió las escaleras sin contestar. Cerró la puerta del cuarto. Se desvistió con prisa, como si el tejido pegado a su piel cargara el peso del error. Arrojó la camisa mojada al s







