El cielo de Boston estaba increíblemente azul aquella tarde. Un azul tan claro y sereno que hacía que el alma se sintiera más ligera, como si el mundo hubiera sido lavado durante la madrugada y ahora despertara limpio, sonriente. El viento traía el aroma fresco de las flores recién regadas, y el jardín de la mansión aún relucía bajo el toque suave de la mañana. Aurora corría entre los canteros, el cabello suelto volando como seda dorada al viento, el vestidito rosa danzando alrededor de sus rod