El ambiente comenzaba a volverse demasiado peligroso para Isabella. Con cada risa de Beatriz y cada mirada maliciosa de Giulia, sentía cómo el rubor le subía por las mejillas, delatando pensamientos que prefería esconder. Giulia, al percibir la tensión flotando en el aire y queriendo evitar que su cuñada muriera de vergüenza allí mismo, decidió cambiar de tema de forma abrupta.
Se aclaró la garganta, acomodó un mechón rebelde detrás de la oreja y dibujó una sonrisa dulce, como quien anuncia un