El reloj marcaba exactamente las 8:27 cuando el sedán negro de alta gama, con vidrios polarizados y pintura reluciente, se detuvo frente al rascacielos de cristal en el corazón financiero de la ciudad. El edificio llevaba en la cima el nombre Vellardi & Renzi Holding, en letras metálicas y elegantes, reflejadas contra el cielo grisáceo de la mañana. Antes de que el chofer apagara el motor, un guardia de seguridad ya se había posicionado junto a la puerta trasera. Y entonces, él descendió.
Loren