El aroma a pan recién horneado y cítricos maduros invadía sutilmente el comedor aquella mañana. La mesa del desayuno estaba dispuesta con la precisión casi militar de Marta, la ama de llaves: porcelana fina, cubiertos de plata, copas de jugo recién exprimido. Todo impecable. Todo es silencioso. Como siempre.
Pero había algo distinto en el aire.
Aurora corrió hacia la mesa con pasos vivaces, el vestido floreado ondeando alrededor de sus piernas delgadas. Las flores rosadas y amarillas danzaban c