El final de la tarde teñía el cielo de tonos rosados y dorados, filtrándose a través de las cortinas claras del cuarto que Isabella ocupaba en la hacienda de Dona Flora. Estaba de pie frente al gran espejo, con las manos apoyadas delicadamente sobre el vientre ya redondeado de seis meses, observándose con una mezcla de emoción e incredulidad. El vestido de novia, un modelo ligero, de encaje delicado y caída fluida, se amoldaba perfectamente a su cuerpo, realzando la nueva curva que albergaba al