La noche cayó suave sobre la fazenda, cubriéndolo todo con un manto de estrellas diminutas y una luna redonda que brillaba alto, como si vigilara los amores secretos de la tierra. Era como si el tiempo, allí, camina más despacio, como si el universo hubiera decidido hacer una pausa para contemplar la belleza escondida en las cosas simples.
En el porche de madera antigua, teñido por la luz plateada de la luna, el silencio era arrullado por el canto suave de los grillos, el murmullo tímido de las