El sol ya se escondía detrás de las colinas, pintando el cielo con colores que parecían haber salido directamente del corazón de un artista enamorado. Eran tonos de naranja quemado, rosa suave y dorado líquido que tocaban la copa de los árboles, los campos de la hacienda e incluso la madera desgastada del porche, que ahora parecía brillar con un cierto aire de nostalgia. El olor a tierra mojada, mezclado con el perfume dulce de las flores silvestres, creaba una atmósfera casi sagrada, un instan