La casa reposaba en el más absoluto silencio, envuelta por la penumbra acogedora de la madrugada. Las paredes antiguas, cargadas de historias y memorias, parecían respirar lentamente con el sueño de la noche. Afuera, el sonido distante de los grillos, el murmullo del viento entre los árboles y el croar acompasado de las ranas creaban una sinfonía serena que mecía toda la hacienda en un sopor tranquilo, como si el tiempo allí caminara más despacio.
Lorenzo subía los escalones de la escalera en s