Noah no había dormido más de tres horas.
No fue por falta de cansancio, sino por exceso de pensamientos. La imagen de la fiesta, las risas, la mano de Denisse entrelazada con la suya, la certeza de que por fin algo en su vida estaba en calma… todo contrastaba con el mensaje de su asistente y la palabra que no dejaba de repetirse en su mente: junta.
Una junta sin él.
Eso no era solo una falta de respeto. Era una declaración de guerra.
Llegó a la oficina más temprano de lo habitual. El edificio e