Denisse lo intentó. De verdad lo intentó.
Desde el momento en que Diana apareció acompañada de Nick —el medio hermano de William—, se obligó a respirar hondo y a recordar que aquel día debía ser feliz. Era su fiesta de compromiso. Su momento. El inicio oficial de algo que había costado sangre, lágrimas y demasiadas noches sin dormir.
Pero la incomodidad no se iba.
Nick siempre había sido un problema. No ahora, no recientemente: desde la adolescencia. William se lo había dicho más de una vez, en aquellas conversaciones incómodas del pasado que Denisse había preferido archivar como recuerdos lejanos. Nick tenía esa capacidad peligrosa de torcer la realidad a su favor, de señalar con el dedo antes de que alguien pudiera hacerlo con él.
Recordó, contra su voluntad, aquel episodio absurdo y perturbador: el ave muerta.
Un “accidente”, había dicho Nick.
Y aun así, de alguna manera, había logrado que la culpa recayera sobre William.
Ese patrón. Esa facilidad para ensuciar a otros.
Denisse sin