El edificio de la empresa se alzaba frente a Denisse como siempre: imponente, pulcro, frío.
Cristal y acero reflejaban el cielo gris de la mañana, y por un momento, antes de bajar del auto, ella se permitió cerrar los ojos y respirar profundo. El aroma de la ciudad, mezclado con el leve olor metálico del concreto húmedo, la devolvió a una parte de sí misma que conocía demasiado bien.
Aquí no era la niñera de Fred.
Aquí no era la mujer enamorada.
Aquí era la directora.
Y necesitaba estar enfocad