Noah llevaba varios minutos observando a Denisse desde el otro lado del salón.
Ella estaba sentada en el suelo, ayudando a Fred a armar un rompecabezas demasiado grande para la mesa baja. Tenía una rodilla doblada, la espalda ligeramente encorvada y el cabello recogido de manera descuidada. Reía cuando el niño colocaba una pieza incorrecta y lo corregía con paciencia, sin una sola nota de fastidio.
Era en esos momentos cuando Noah olvidaba todo lo demás.
—Denisse —la llamó por tercera vez.
—Ajá