Denisse descubrió muy pronto que fingir normalidad requería más energía que enfrentar el conflicto de frente.
Esa mañana, mientras preparaba el desayuno para Fred, se obligó a sonreír más de lo necesario. Movía los utensilios con precisión, como si cada gesto estuviera ensayado, como si la cocina no fuera un campo minado de recuerdos recientes: cafés compartidos, silencios cómodos, miradas que decían demasiado.
—Hoy vamos a hacer algo diferente —anunció, dejando el plato frente a Fred—. ¿Te gus