Ella nunca pensó regresar a lo que tanto anhelaba y la lastimaba. Los labios de Noah acariciaban los suyos con suavidad y antes de darse cuenta se habían metido de nuevo en la habitación de Elizabeth. La pegó a la pared mientras apoyaba una de sus manos al lado de su cabeza y la otra en la curva de la cadera.
El mundo parecía haberse reducido a un solo punto cuando los labios de Noah tocaron los de Denisse.
No fue un beso suave ni contenido. Fue un choque. Un reconocimiento tardío. Una confesió