Las dos semanas se habían ido tan rápido como el humo de un suspiro.
Para Denisse, cada día había sido una mezcla de calma y desesperación: calma, porque por fin podía descansar sin las tensiones constantes del trabajo; desesperación, porque el descanso se había vuelto un enemigo invisible. Estar encerrada entre cuatro paredes, viendo pasar el tiempo sin poder hacer nada útil, era un castigo que la asfixiaba.
Y lo peor de todo, era la cuenta regresiva. El final de mes se acercaba, y con él, la