El sonido constante del monitor cardíaco fue lo primero que Denisse escuchó. Un pitido suave, acompasado, que marcaba el ritmo de la respiración de alguien. Abrió los ojos lentamente, desorientada, sin entender del todo dónde estaba. El techo blanco y las luces frías del lugar le revelaron la respuesta: un hospital.
Sintió una punzada en la cabeza, algo incómodo y opresivo, como si un vendaje le rodeara el cráneo. Al intentar moverse, un dolor en el tobillo la obligó a contener un gemido.
Parpa