Denisse llevaba varios minutos observando su teléfono sin atreverse a marcar. La pantalla seguía encendida, mostrando el nombre que conocía de memoria, uno que había intentado borrar de su vida más veces de las que podía contar.
William.
Recordó con claridad aquella frase que él le había dicho tiempo atrás, casi como una promesa lanzada al viento: “Regresaré en el momento más adecuado”. En su momento lo había tomado como una despedida elegante, una forma de cerrar una historia que ya no tenía salvación. Pero ahora, con Noah inconsciente, con la empresa pendiendo de un hilo y con Margaret moviendo piezas desde las sombras, aquellas palabras cobraban un peso distinto.
Quizá ese momento había llegado.
Respiró hondo y marcó.
La llamada no tardó en ser respondida.
—Denisse —dijo la voz al otro lado, sorprendida pero firme—. No esperaba saber de ti tan pronto.
Acordaron verse esa misma tarde, en un café discreto, lejos de la zona financiera y aún más lejos del hospital. Denisse necesitaba u