La promesa de violencia de Matteo quedó flotando en el aire denso, mezclándose con el olor a antiséptico y la tensión eléctrica que vibraba entre sus cuerpos.
Lena retrocedió, alejándose de su calor, de su pecho sólido y de esa boca que había estado a punto de devorarla. Se abrazó a sí misma, sintiendo el dolor en su pierna y un ardor en el pecho, pero el dolor más agudo era el miedo.
—Todo esto es por tu culpa —soltó ella. Su voz temblaba, pero no por debilidad, sino por rabia contenida—. Mi h