El rugido del deportivo no fué una advertencia. Fué una declaración de guerra.
El Lamborghini negro derrapó sobre la grava, levantando una nube de polvo y piedras. Matteo cruzó el coche en mitad de la carretera, bloqueando cualquier vía de escape para el sedán negro y cortando el paso hacia Lena.
Los faros del deportivo iluminaron la escena como si fuera el escenario de un crimen a punto de ocurrir.
Los dos hombres que bajaban por el terraplén se detuvieron en seco. El que llevaba el bate de bé