La camioneta con los hombres de seguridad de Matteo se marchó y él guió a Lena por la cintura hacia su Bugatti, pero no arrancó el coche de inmediato.
Bloqueó los seguros con un golpe seco de su dedo y se giró hacia Lena en el espacio confinado de la cabina, que olía a cuero caro y a la tensión eléctrica que crepitaba entre los dos.
La luz tenue del tablero iluminaba su perfil. La mandíbula apretada, el cabello castaño desordenado cayéndole sobre la frente, y esos ojos oscuros que la miraban c