La cena en la villa Vitale era un evento que normalmente fluía con la facilidad de años de convivencia, pero esa noche, el aire sobre la mesa de caoba estaba cargado de una electricidad nueva.
Nicolo estaba sentado a la derecha de Lorenzo, un lugar de honor que se sentía extraño y merecido a partes iguales. A pesar de su traje impecable, la rigidez en sus hombros delataba el dolor de sus costillas rotas, aunque él se esforzaba por ocultarlo con una estoicidad que Lorenzo reconocía y respetaba.