Lena sintió la rabia azotarla como una marea de fuego, calentando su piel. Clavó las uñas en su palma sin darse cuenta.
Sofía la miraba con una superioridad arrogante, esperando que la "indigente" bajara la cabeza y desapareciera.
Pero Lena Rinaldi había crecido entre hombres que escupían al suelo y resolvían problemas a golpes. Una rubia con un vestido caro no iba a intimidarla.
Dio un paso al frente, ignorando el dolor punzante en su muslo herido.
—De hecho, reparo lo que es valioso. Ese es m