Mundo ficciónIniciar sesiónMarcus llegó al penthouse mucho más tarde de lo que había prometido. No traía bolsas, ni café, ni flores; no traía nada en las manos excepto un cansancio tan denso que parecía una extensión física de su cuerpo. Cuando cerró la puerta detrás de él, el departamento estaba en silencio. No el silencio cómodo de un hogar de noche, sino uno contenido, expectante, como si las paredes supieran que algo andaba mal antes incluso de que Laila lo viera. Lo escuchó colgar el abrigo sin prisa, como si estuviera reuniendo fuerzas para caminar el resto del trayecto. Ella yacía en el sofá, cubierta por una manta ligera que Evelyn le había dejado antes de irse, con un tazón vacío de sopa en la mesa de centro y un cuaderno abierto donde había estado anotando nombres para los gemelos. Cuando levantó la vista, vio a Marcus







