Evelyn siempre había tenido una habilidad inquietante para leer a las personas antes de que ellas le dieran permiso. No lo hacía con arrogancia, sino con precisión quirúrgica. Era un don, uno que Marcus había aprendido a confiar con los años, y uno que ahora se había convertido en su herramienta secreta para proteger lo más preciado que tenía: Laila, los gemelos, y la pequeña burbuja de paz que estaban construyendo junto a Melissa.
Por eso, cuando Evelyn escuchó el golpe seco de la puerta del p