Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl domingo había dejado un cielo limpio sobre la ciudad, y la brisa de la mañana entraba por la ventana del pequeño cuarto de Laila. El reloj marcaba las ocho y media, pero ella seguía recostada, mirando el techo como si esperara que las grietas le respondieran lo que aún no sabía decidir.
Sobre la mesa, el teléfono seguía con la pantalla e







