Mundo ficciónIniciar sesiónClara no despertó esa mañana con dudas. Despertó con una certeza que le recorrió el cuerpo como una corriente eléctrica: el plan había funcionado. No fue una revelación romántica ni un instante de felicidad genuina; fue una confirmación fría, matemática. El retraso ya no podía explicarse con estrés ni con coincidencias. Lo supo mientras estaba sentada en el borde de la cama, mirando un punto fijo de la pared, con el corazón acelerado no por emoción sino por cálculo. Todo encajaba. Los tiempos. La noche. La excusa perfecta. El error ajeno que ella había fabricado con tanto cuidado.
Se levantó despacio, como si el silencio pudiera delatarla. Caminó al baño con esa calma extraña que solo aparece cuando una persona cree que ya ganó. Cerró la puerta, apoyó las manos en el lavabo y se miró al espejo. No se sonrió. No hizo falta. Había algo más profundo en su mirada: la convicción de que ahora sí tenía la pie







