Mundo ficciónIniciar sesiónClara empezó a apretar sin darse cuenta de que ya no tenía fuerza. No fue un cambio brusco, fue una suma. Un comentario más alto de lo necesario. Una pregunta repetida dos veces. Una mano que se quedaba un segundo de más sobre el brazo de Marcus. Gestos pequeños, casi imperceptibles para cualquiera que no estuviera atento. Pero Marcus estaba atento. Más que nunca. Y lo que antes le habría provocado irritación o culpa, ahora solo le producía una calma fría, peligrosa. La calma del que ya no está atrapado, sino observando.
—Últimamente estás distante —dijo Clara una noche, sentada frente a él, con una copa de vino en la mano—. No es una queja… es preocupación.
Marcus levantó la vista con lentitud, midiendo el tiempo exacto de la respuesta.
—Estoy cansado —dijo—. Los niños demandan mucho.







