Mundo ficciónIniciar sesiónMarcus no llegó directo. Caminó con los gemelos durante casi una hora, siguiendo senderos que ya conocía de memoria, pero que esa tarde parecían distintos. No estaba perdido; estaba conteniéndose. Cada paso era una forma de retrasar lo inevitable, no por miedo, sino por respeto. Decirle a Laila lo que Clara acababa de hacer no era una simple conversación: era lanzar una piedra a un lago que apenas comenzaba a recuperar la calma. Marcus lo sabía. Y aun así, no podía callarlo.
El parque estaba más silencioso de lo habitual. El aire fresco ayudó a que los gemelos se durmieran casi al mismo tiempo, como si su cuerpo entendiera que el mundo necesitaba una pausa. Marcus se detuvo bajo un árbol, apoyó las manos en el cochecito y cerró los ojos un instante. No rezó. No pidió nada. Solo ordenó. Cl







