Kael y Lysandra permanecían de pie en el pasillo, frente a la puerta cerrada de la habitación de los niños. Durante unos segundos ninguno habló. Ambos escuchaban lo mismo: el ritmo acompasado de tres sueños pequeños que, por primera vez, dormían con su padre cerca.
Lysandra fue la primera en moverse. Caminó despacio hacia el living y se sentó en el borde del sillón, como si el cuerpo le pesara más de lo normal. Se quitó los zapatos y apoyó los pies descalzos sobre la alfombra, respirando hondo.