Nyra apareció en el umbral arrastrando los pies, con el cabello revuelto y el camisón torcido, todavía medio dormida. Parpadeó dos veces, como si no terminara de creer lo que veía, y luego sus ojos se iluminaron de golpe, llenándose de una alegría tan pura que a Lysandra le dolió el pecho.
—¡Papá! —dijo, y la palabra salió clara, firme, sin dudas.—¡Papá!
Corrió hacia Kael y se lanzó contra él con la fuerza de quien no ha pasado un año esperando, sino toda una vida. Kael apenas tuvo tiempo de ac