El sol caía suave sobre el territorio de la Manada de Hierro. La mansión parecía tranquila, incluso demasiado silenciosa, como si el viento hubiera decidido respetar la calma que se respiraba adentro. Kael había permitido que Lysandra saliera un rato, con un séquito de lobos detrás, en una parte de su mente esta intranquilo. Solo un paseo, un aire fresco, algo de normalidad. Sebastian le habia dicho que la cuidaría, ya que su mate también iba en ese viaje...nos la perdería de vista.
—¡Helado! —