El sol brillaba alto, pero su calor no lograba disipar la tensión que flotaba sobre la mansión de Kael Vyron. Cada sombra parecía cargada de expectativa, cada movimiento medido. Los lobos patrullaban la propiedad, vigilando cada rincón, sus sentidos alerta ante cualquier amenaza. Kael recorría el jardín con pasos firmes, ajustando los últimos detalles y asegurándose de que todo estuviera perfecto para la ceremonia. No era solo un evento de recepción; era una demostración de fuerza, de control,