—Habla rápido, Iris —dijo la voz masculina del otro lado de la línea—. Estoy ocupado, y poco me interesan los chismes de tu vieja manada, sobre todo cuando deberías estar cuidando de tus hijos en tu actual manada...
Iris Valente no se inmutó. Observaba por la ventanilla del auto cómo los territorios de la Manada de Hierro quedaban atrás, verdes y orgullosos. Alguna vez había soñado con ser ella la Luna más respetada de todas las manadas con Kael a su lado.
—Entonces escucharás esto con atenció