El despacho volvió a cerrarse tras ellos con un sonido sordo.
—Volvemos al inicio —declaró ella con una sonrisa de contrincante buena.
Kael ordenó que sirvieran café. Iris observó el lugar como si fuera suyo, caminando despacio, estudiando cada objeto. Al incorporarse, dejó caer deliberadamente su tapado caro sobre la silla.
—Debo irme —dijo, sin moverse—.
Pero no sin saber qué le dirás a mi alfa sobre Marcus.
Kael no esquivó la mirada.
—No lo liberaré.
Informaré a los Antiguos y asumiré las co