BIANCA
Son las nueve de la noche cuando por fin voy rumbo a la mansión.
Los nervios me tienen atrapada. El estómago cerrado. La última comida que hice fue el almuerzo… con el idiota de Matthew. Después de ese beso forzado, el apetito simplemente desapareció. Como si mi cuerpo hubiera entendido antes que yo que algo estaba mal.
Tengo un mal presentimiento desde hace horas. Caí como una estúpida en su juego. Debí mantenerme distante, fría, profesional. No debí darle ni un centímetro de confianza