BIANCA
Son las nueve de la noche cuando por fin voy rumbo a la mansión.
Los nervios me tienen atrapada. El estómago cerrado. La última comida que hice fue el almuerzo… con el idiota de Matthew. Después de ese beso forzado, el apetito simplemente desapareció. Como si mi cuerpo hubiera entendido antes que yo que algo estaba mal.
Tengo un mal presentimiento desde hace horas. Caí como una estúpida en su juego. Debí mantenerme distante, fría, profesional. No debí darle ni un centímetro de confianza para que creyera que tenía derecho a acercarse de ese modo.
Cuando llego a la mansión, todo está inquietantemente tranquilo.
El coche de Adrián ya está aquí.
Mi corazón se acelera. Seguro se estará preguntando dónde he estado. Pero no tengo ninguna llamada perdida suya. Ningún mensaje. Y yo… yo tampoco fui capaz de llamarlo.
Respiro hondo antes de entrar.
El salón está en silencio. Camino hacia el comedor pensando que quizás esté cenando, pero no hay nadie. Ninguna luz encendida. Ningún sonido.