BIANCA
Hoy Adrián se va más temprano. Es un día complicado para él: las cuentas con traspasos millonarios —muy bien camuflados— salieron a la luz, y será crucial encontrar a la persona que le ha estado robando.
Luce exhausto. Hace mucho que no lo veía así.
—Hoy dejaré a Austin con tu madre —le digo—. Debo ir a hacer algunos trámites.
—Bien —responde—. Cuídate y nos vemos en la noche.
—Que te vaya bien en tu reunión.
Nos despedimos y aborda su vehículo. Aún son las seis de la mañana. Austin ya comió y volvió a dormirse, así que aprovecho de buscar mi documentación y dejar todo preparado para salir.
Lo preparo con cuidado y bajo con él.
Carla está sentada en el sofá. Y, como si fuera un milagro, me ignora. No hay comentarios rancios, no hay miradas cargadas, no hay provocaciones. Ni siquiera parece notar mi presencia.
¿Eso es un buen presagio… o uno pésimo?
Justo antes de salir, levanta la vista. Me mira y sonríe.
—Que tengas un lindo día —dice—. Hoy amanecí de muy buen humor.
Levanto u