BIANCA
El ascensor se abre y avanzo por el pasillo hasta la oficina. Cuando entro, Adrián está solo.
—Tuve un pequeño accidente con tu café —digo.
Él levanta la mirada, apenas interesado.
—Déjalo así, no hay problema.
No sé por qué tengo la leve impresión de que ella aparecerá en cualquier momento para armar el espectáculo de su vida.
No saco a Austin del coche; le entrego otro juguete y queda entretenido. Rodeo el escritorio de Adrián y me siento sobre sus piernas.
—Es que… fue un accidente —a