BIANCA
Es imposible pensar en Adrián sin que una sonrisa se me escape sola, sin permiso.
Como si mi cuerpo reaccionara antes que mi mente.
Ese hombre ha elevado mis estándares de todo: de belleza, de presencia, de seguridad… de lo que quiero y de lo que ya no estoy dispuesta a aceptar jamás. A su lado, incluso lo cotidiano se siente distinto. Más grande. Más firme.
La última vez que anduve en auto fue en el de Kevin, haciendo uno de esos encargos que siempre me pedía. Pero esto… esto es otra cosa. Nunca había manejado un vehículo así. El volante firme bajo mis manos, el silencio elegante del motor, la sensación de control.
Se siente Demasiado bien.
Conecto el móvil y dejo que la música llene el interior. Canto sin pensar, recorriendo las calles con una ligereza que hace tiempo no sentía. Entonces, una llamada corta la canción de golpe.
Aprieto la pantalla.
Y lo escucho.
—Bianca… eres una arribista, una maldita interesada… una ramera sin escrúpulos —escupe Kevin, sin siquiera saludar—.