BIANCA
Hubo comida deliciosa, premiaciones y un ambiente sorprendentemente agradable. Para ser sincera, la noche avanzó mejor de lo que jamás imaginé. Y ahora, mientras la mayoría comienza a marcharse —principalmente gente mayor— camino hacia los baños para retocar mi maquillaje.
La música suena amortiguada desde el salón principal. Me suelto el cabello, dejando que caiga en ondas suaves. Respiro hondo, disfrutando la tranquilidad del momento…
Hasta que escucho su voz… Natalie.
Su vestido rosa se mueve al compás de sus caderas; su cabello oscuro y rizado cae suave, enmarcando su rostro.
—¿De verdad crees que Adrián estará con una pobretona como tú?
Ruedo los ojos con fastidio. Y, aun así, continúo acomodando mi labial esta vez cambio el rosa, por un rojo, el contraste con mi piel blanca y el vestido es algo que me fascina. Actúo como si ella fuese una mosca dando vueltas.
Como no le doy de mi atención, se apoya junto a mí, cruzándose de brazos, respirando veneno.
—Sabías que Adrián ja